SER INDÍGENA EN MÉXICO. UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA.

SER INDÍGENA EN MÉXICO. UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA.

[bctt tweet=»Es claro que el ser indio no es una cualidad en sí, sino el producto de una relación social, moral y simbólica. Los nativos de América no eran indios antes de la llegada de Colón; su nombre de indios no surge de ellos sino de un error del descubridor de América;» username=»crisolhoy»]

Ser indígena

A los indios mexicanos los reconocemos rápidamente cuando los vemos, dijimos bien: cuando los vemos, ya que generalmente pasamos delante de ellos y los miramos sin verlos. Por el contrario, cuando se trata de establecer un concepto que defina a los indígenas, todo se complica y se hace difícil. De hecho después de decenas de años de estudios antropológicos  aún no contamos con una idea clara de lo que es y es ser indígena en México. 

    No se trata de deficiencias en la calidad de estudios antropológicos de los cuales contamos, aunque tengan insuficiencias importantes, son trabajos de buena calidad práctica y teórica. El problema se encuentra en que la calidad de ser indio es ante todo un hecho social y cultural, lo cual implica la existencia de un conjunto de espejos encontrados que proyectan entre sí imágenes que se forman y deforman y en el interior de las cuales, no solamente es difícil reconocer al otro sino incluso, reconocerse a sí mismo.

    A la confusión que surge del juego encontrado de imágenes, hay que agregar la presencia de los estereotipos sociales; al indígena no se le ve pero sí se le prejuzga y predetermina como un ser arisco, ignorante y supersticioso. El estereotipo preestablece rasgos y relaciones y las impone independientemente del contenido real de las mismas. Desde nuestro punto de vista el estereotipo por el cual se ve y juzga a los indígenas en México, no es racista ya que no conduce a una exclusión total (social y moral) de los mismos, pero sí contiene un profundo contenido de desprecio social y moral. El primer acercamiento a lo que es ser indio en México lo podemos establecer como el ser humano que es visto y clasificado por la sociedad por un estereotipo que contiene un desprecio social y moral a todo aquél que se le aplica.

    Es claro que el ser indio no es una cualidad en sí, sino el producto de una relación social, moral y simbólica. Los nativos de América no eran indios antes de la llegada de Colón; su nombre de indios no surge de ellos sino de un error del descubridor de América; además, su condición social y simbólica de ser indios, ha sido el producto de relaciones sociales tensas y difíciles de tres siglos de colonia y casi dos siglos de vida independiente. El ser indios es una relación social actual que es el resultado de una historia larga, difícil y llena de violencia. 

    El ser indígena es el producto de una relación social; de hecho si seguimos al antropólogo Pitt-Rivers, podemos decir que hay tres niveles de definición: la nacional determinada por estereotipos e ideologías, la legal y la proveniente de las relaciones sociales. Las relaciones sociales de tipo económico se encuentran muy bien presentadas en los artículos de León Ferrer y de Miguel Angel Rubio. En el presente artículo haremos una síntesis de la visión que se tiene de los indígenas desde los estereotipo de la sociedad no indígena; algunos de los elementos con los cuales se autocaracterizan los propios indígenas+++Petra+++ y, finalmente, desde el punto de vista de otros tres antropólogos +++este punto debería estar primero que la visión de los esteorotipos de la visión no indígena y de la visión indígena++++. De estos últimos nos basaremos en el ya mencionado Pitt-Rivers, el de Carlos Arturo Ramírez Salazar y el de Guillermo Bonfil Batalla.

 

LA VISIÓN DE LA IDEOLOGÍA NACIONAL. 

 

    Siguiendo tanto a Pitt-Rivers, a Ramírez Salazar y a algunas observaciones nuestras, la cultura nacional concibe como indio a todo aquel que tiene alguna de las siguientes características:

    1) Habla un lengua indígena. Este es el criterio más común y además de ser aceptado por muchos antropólogos, es el criterio definitorio usado por los Censos Nacionales de Población.

    2) El que se reconoce a sí mismo como indígena.

    3) Quién nació y fue educado en una comunidad indígena.

    4) Todo aquel que usa una vestimenta indígena. Hay que aclarar que muy buena parte de lo que hoy se considera vestimenta indígena es una reminiscencia de los vestidos introducidos por los españoles desde el siglo XVI.

    5) Como se considera que el indígena es ignorante, flojo, supersticioso, grosero, tímido y un verdadero pagano envuelto en un ropaje católico; entonces, en una relación inversa, todo aquel que tiene este conjunto de atributos se supone que los posee por el hecho de ser indio.

    6) El que se dedica a la brujería y al alcohol.

    7) Todo lo que es indio es socialmente inferior; casi todo lo que es socialmente inferior lo es por ser indio.

    8) Indio, como palabra para insultar a alguien.

    9) Indio es un ser sin razón.

    10) Se opone lo indígena que se piensa como lo «incivilizado», frente a lo europeo que la ideología dominante clasifica como lo «civilizado»

    Debe notarse que los elementos culturales de la ideología nacional no forman un todo coherente; la concepción va desde conceptos sin connotación valorativa personal o cultural como lo es el hablar una lengua indígena, reconocerse como indígena o vestir como tal, hasta los conceptos enumerados en los los puntos mencionados 5, 6, 7, 8 y 9 que surgen de la ignorancia y del desprecio social. La categorización enunciada en el punto 10, no implica desprecio directo, pero es un producto de la fantasía proveniente del pensamiento malinchista.  

 

LA VISIÓN DE LOS INDÍGENAS DE SÍ MISMOS.

 

    Los indígenas reciben cotidianamente, por una relación de desprecio, el conjunto de apelaciones negativas anteriormente enunciadas; en muchas ocasiones ellos las rechazan pero en otras, ellos las aceptan aunque sea parcialmente.

    Siguiendo a los autores mencionados, la forma en que el indígena se ve a sí mismo tiene las siguientes características:

    1) Ellos se autodenominan como gente los «verdaderos hombres», frente al otro, el de origen hispánico que para ellos no son «verdaderos hombres».

    2) Se conciben como campesinos, hombres del campo.

    3) Resienten la palabra «indio», como un insulto que se les dirige. Ellos no se suelen autoidentificar como indios sino como: coras, huicholes, tarascos, zapotecas, mayas, etcétera. Es decir, su identidad fundamental es con el grupo étnico al que pertenecen y con la comunidad en que habitan.

    4) Para ellos la liga proveniente de sus costumbres implica un lazo de identidad y solidaridad muy importante.

    5) El nacimiento como forma de pertenencia étnica es clave.

    6) El acceso a las tierras comunales determinado por el nacimiento, es para ellos un elemento fundamental.

    7) La vivencia del desprecio y del rechazo por parte de los mestizos es un hecho que marca con mucha profundidad la conciencia indígena.   

    8) Se autodiferencían del mestizo al que ven como aquel que todo lo arregla con dinero y amistades influyentes. 

Aquí deseo constatar un opinión de Petra Castro, quien era una indígena otomí y que además, aprendió a hablar náhuatl y hablaba a la perfección el español. De niña sufrió hambre y se alimentaba con cáscaras de tuna. Se caracterizaba por su gran inteligencia e ironía. Siempre llevó con ella el orgullo de conocer las costumbres y mitos de la comunidad otomí donde nació; para Petra Castro los animales se comunicaban de diferente manera con las personas y las cosas hablaban. Por su propia condición social impuesta, no quiso aprender a leer y escribir, pero conocía las reglas de aritmética y nadie se podía aprovechar de ella. Conocía las referencias y signos para jamás perderse en la Ciudad de México. Tampoco quiso casarse para no recibir golpes de su pareja. Se convirtió en una especie de  líder fundamental de su familia extendida que vivía en la Ciudad de México y en su pueblo natal.

Con todos estos elementos positivos que poseía y después de años de platicar con ella e insistir que hablara sobre su propia visión, al final se decidió a sacar de su fuero interno “que ella era naturalita y los demás eran gente de razón”. Aunque no lo dijo explícitamente, para ella, los indios y los de piel morena eran naturalitos  y las personas de piel blanca eran de razón. Esta constatación la señaló cuando tenía 86 años en 1980.

 

EL ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO.    

 

    Un punto de vista del análisis antropológico sobre los indígenas y que ha tenido mucho eco es el que se presenta en el libro «México Profundo» de Guillermo Bonfil. En síntesis, lo que este antropólogo propone es que México se caracteriza por la presencia de dos culturas: a) la del México imaginario que encarna el proyecto surgido de la conquista, que se fundamentó en el dominio colonial en un principio y que después, aunque con variantes, retomaron criollos y mestizos; lo denomina imaginario en función de que surge de la imaginación y de la cultura copiada de Europa, de EU y que se trata de implantar, desde arriba en un mundo completamente diferente; y, b) la del México profundo que se encuentra representada esencialmente por los indígenas.

    Las culturas se oponen; para la influencia occidental del México imaginario, el trabajo es un mal, la naturaleza es un enemigo y el objetivo de la vida es más producción y más consumo.

    Para la cultura indígena el trabajo es el producto de la integración de tres elementos básicos: el esfuerzo físico, el conocimiento empírico y el mito como elemento vivo. El trabajo es cooperativo e implica la fiesta y la integración del hombre en el equilibrio cósmico.

    La naturaleza para la cultura indígena, es un punto de referencia para el conocimiento, la habilidad y el trabajo en la satisfacción de las necesidades; no es un elemento enemigo sino un elemento vivo, necesario en la integración del cosmos, del cual el ser humano es otro elemento. La tierra no es una mercancía sino un ente vivo que implica una necesidad de relación simbólica y mítica.

    El trabajo es un vínculo de relación con la naturaleza y el tiempo es una expresión de unidad con el cosmos. En el mundo occidental el tiempo es lineal y progresivo, en el mundo indígena es cíclico y no rectilíneo.

    Uno de los factores que han posibilitado esa magnífica defensa de la cultura indígena es el uso de apropiación y de la innovación en términos simbólicos. El mundo indígena es un mundo evolutivo en él prevalece la lógica de lo concreto y la decisión autónoma, no individual sino colectiva.

    Entre el México profundo y el imaginario, existe un mundo cultural desordenado, sin unidad y sin identidad clara, «.. la falta de unidad y de coherencia de la cultura no india en México, es un hecho que por sí mismo cuestiona los proyectos de integración de la población india a una cultura nacional que se postula como «superior», porque no existe una cultura nacional unificada sino un conjunto heterogéneo de formas de vida social disímiles y aún contradictorias, que tienen como una de sus causas principales la manera diferente en que cada grupo se ha relacionado históricamente con la civilización mesoamericana.» Ante estas palabras del conocedor de nuestra cultura, nos interrogamos sobre el posible conocimiento que podrá tener el negociador ante el Tratado de Libre Comercio, cuando declara que no hay problema cultural en México ante la integración económica que se esta realizando con los EU. El doble México persiste y los vacíos culturales se establecen.

    Hasta aquí los planteamientos de Bonfil; sus puntos de vista son a la vez terribles y discutibles. Para él solamente hay dos culturas que se enfrentan, dos grupos sociales pequeños, en medio de los cuales se encuentra la gran mayoría como conjunto heterogéneo, disímil y aún contradictorio, sin identidad cultural claramente definida. En contraposición a esta visión que vemos demasiado esquemática, nosotros creemos que la Revolución impulsó la posibilidad de establecer una identidad cultural y nacional, que el proceso se llevó a cabo en medio de una violencia absurda y excesiva en contra del México profundo, pero que representó, en mucho niveles la presencia de elementos positivos que todavía no han podido consolidarse e integrarse. 

    Pensamos también que es completamente válida la crítica que le han hecho algunos antropólogos como Jesús Jáuregui cuando en un trabajo inédito nos indica que las investigaciones de Pitt-Rivers refutan «de antemano las propuestas de Bonfil sobre un imaginario «México Profundo», consistente en una civilización mesoamericana contemporánea. Las culturas nunca son unidades estáticas ni cerradas que, tras de un contacto prolongado, puedan permanecer inalteradas. Por el contrario, se trata, de la segunda naturaleza humana, caracterizada por su gran adaptabilidad. Hoy en día todas las culturas indígenas son el resultado de integrar elementos aborígenes (de diferentes raigambres lingüísticas y culturales) con otros europeos-africanos-asiáticos, dentro de matrices peculiares (trabajo inédito).

    En todo caso la discusión sigue abierta, no solamente la discusión crítica de los buenos antropólogos mexicanos como los mencionados, nos conduce a la búsqueda de un conocimiento más apropiado, sino que el grito chiapaneco obliga a todo el país a una reflexión más a fondo sobre nuestra diversidad e integración étnica y social.

    Pitt-Rivers nos indica que en la caracterización de los indígenas se debe observar el grado de aculturación, es decir, el grado de integración de la cultura europea e indígena en cada una de las etnias. En Chiapas por ejemplo, nos dice tal autor, el sistema de creencias se encuentra ligado al catolicismo, pero el catolicismo indígena tiene peculiaridades que son muy importantes:

  1. a) Se desarrolla alrededor de un culto a los santos.
  2. b) Tiene interpretaciones sobre los santos que son muy lejanas a la ortodoxia católica, ya que en ella hay reminiscencias mayas tales como la liga del sol con dios y la luna con la virgen.
  3. c) A la Santa Cruz se le concibe como un personaje separado que se encuentra relacionada con el control de la lluvia.
  4. d) San Miguel Arcángel es el ser supremo.
  5. e) Existen 30 nahuales o espíritus animales.

    Además para ellos, la jerarquía sobrenatural incluye a espíritus de la naturaleza salvaje. 

    Por eso el conjunto de creencias y concepciones del mundo indígena  implica una síntesis cultural que de hecho, configura un sistema nuevo. 

    Desde nuestro punto de vista, las creencias enunciadas no proceden de fantasías fáciles y primarias de la mentalidad humana, por el contrario se trata de todo un sistema muy complejo pero profundamente lógico, por medio del cual el indígena comprende el mundo exterior y el mundo social al tiempo en que le permite ubicarse y actuar en él. No implican carencia de racionalidad sino la presencia de una racionalidad que aunque distinta a la nuestra, no por ello deja de ser el resultado de procesos mentales evolucionados, complejos y con fuerza lógica.

    Finalmente en el libro inédito de Carlos Arturo Salazar «Ustedes los Indios», se nos presenta una tesis muy interesantes sobre la identidad indígena. 

    Según este autor «…La identidad indígena no solamente esta determinada por los atributos culturales y de origen, sino también, por los atributos que su condición social estatutaria le confiere dentro del orden social regional y su ubicación dentro de las relaciones económicas y políticas». De esta manera, el menosprecio continuo y persistente los conduce a pensar en que posiblemente su condición de inferioridad sea válida. Así «La inferioridad, pues, es naturalizada». «La identidad india ha sido entonces, una identidad atribuida que la gente así clasificada asume, incorpora a su identidad étnica. La identidad indígena es una identidad impuesta por la sociedad mayor dominante representada regionalmente por la gente de la categoría mestiza». Por eso «Al reproducirse el individuo como indio, reproduce las condiciones de su subordinación. Ser indio es ser humilde, sumiso, bajar la cabeza ante la presencia del mestizo. Todos estos comportamientos no son más que la ratificación de la relación superordinante-subordinada que ha prevalecido por espacio de años entre mestizos e indígenas».

CONCLUSIONES.   

    1) Es un hecho fundamental que se debe reconocer, México es un país de pluralidad étnica y cultural, que somos la unidad de un todo diverso.

    2) La pobreza del indígena es inadmisible ni para ellos ni para el conjunto social.

    3) Su cultura y sus formas de organización social en cuanto reivindicaciones de lo propio, de una concepción peculiar del mundo y del universo, de una idea distinta del proceso social, de una orientación peculiar de sus condiciones de vida y de su reproducción social y forma de vida, es totalmente legítima y tan noble como cualquier otro pensamiento existente en nuestra república.

    4) Su derecho a la cultura debe estar correlacionado con formas autónomas de organización y gobierno.

    5) Lo que se debe acabar es el hecho de que la cultura surga de la relación de subordinación y desprecio que les viene de fuera. El grito de dignidad y respeto proveniente de Chiapas, no solamente representa el sentir de todos los indígenas, debe ser ante todo, el reclamo de libertad de todos los mexicanos. 

    6) En la vieja tradición juarista que es la nuestra, el respeto al derecho ajeno es la paz y naturalmente la dignidad. Es en el respeto al otro el cual, en sus diferencias, integra conmigo una nación de lo diverso, como se logra la convivencia y el honor. Sin honor no hay identidad social y sin ella no hay libertad que sea válida.    

    Juan Castaingts Teillery.  Profesor Investigador UAM-I

 

Juan Castaingts Teillery

Profesor Investigador UAM-I

Juan Castaingts Teillery

Profesor Investigador UAM-I

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