LA INVASIÓN QUE VIENE

LA INVASIÓN QUE VIENE

“MASIOSARE: UN EXTRAÑO ENEMIGO”

En uno de sus cada vez más frecuentes extravíos dentro de su ya de por sí complicada dolencia: delirio, en la que se pierden los confines de la realidad con los de su propia imaginación, el presidente de la república lanzó el grito de alerta ante la inminente invasión que los gringos harían a nuestro país azuzados por un senador héroe de guerra para buscar el fentanilo (que en México ni se conoce según otra delirada presidencial), por lo que aprovechó para remover esa patriotería que todavía campa en muchos de nuestros corazones mexicas, resultante de una capirotada de tradiciones, invenciones, creencias, compulsiones e ignorancia, pero que sabe gritar ¡Viva México! Agitando una banderita hecha en China y bebiendo un tequila Seagrams o una cerveza Stella Artois, es decir a los mas conspicuos “masiosares”.

Por supuesto los inicuos y serviles funcionarios, oyeron la arenga, cerraron los ojos, hicieron de tripas corazón y comenzaron a repetir psitaquísticamente (la memoria de los pericos, de nada) los exabruptos presidenciales. El colmo en este punto, fue el secretario de Relaciones Exteriores que les ganó por una panza la iniciativa a sus concorcholatianos y se aventó una frase, que si no fuera tan trivial, pasaría a la posteridad. Sobre mi cadáver tendrán que pasar los invasores, que, desde luego es una figura retórica, porque ya se sabe que, dado el caso, resultaría más fácil rodearlo, que pasar sobre él. ¡Qué machito me saliste! El murmuraje popular le excretó recordando, nomás por no dejar, cómo el entonces Secretario de Seguridad Pública, abandonó a su suerte a un grupo de policías en una delegación de la ciudad de México, porque él tenía otras prioridades. También se recordó (terca manía que tienen algunos) cuando después de su función como jefe de gobierno de la Ciudad de México al serle imputadas diversas irregularidades en las obras públicas, particularmente en la construcción de la línea doce (la favorita de la Corcholata Siquitibaum), prefirió seguirse preparando para la vida política viajando a Francia, donde permaneció estudiando cerca de tres años y, agregan las lenguas vespertinas, eludiendo las responsabilidades hasta que prescribieron. Lo que se puede decir del canciller es que es perro dócil, que ladra cuando lo cuchilea el jefe y que es “diablo donde no hay cruces”.

Sin embargo la admonición presidencial no puede echarse en saco roto, normalmente debe ser en sobres amarillos, algo ha de traer el río, si es que suena. De manera que por sí o por no y a manera de “Detente” como el que sacó el presidente para combatir al Covid y que junto con las atinadas medidas del Gatoaquel, nos llevaron a ser ejemplo en el mundo con ochocientas mil muertes (ejemplo de como no hacer las cosas), preparé una versión minúscula del ripioso Himno Nacional (¿qué esperaban de unos versos compuestos a fuerzas, según la leyenda) tomé la parte del masiosare, le agregué unos listones tricolores y le adosé un “amlito” dorado, mofletudo y sonriente, como angelito de nacimiento, formando una escarapela del bienestar, que me propongo comercializar este dieciocho de marzo en la gran Acarreación de la 4T.

Habrá que prepararnos para lo peor, pensé, seguramente después de la invasión nos veremos obligados a comer Hotdogs en vez de tacos, tendremos que beber cerveza en vez de pulque, tendremos que escuchar harta el hartazgo canciones en inglés en todo tipo de aparatos, para un tente en pié podremos escoger entre embutidos de soya o pastas precocidas, tomar café instantáneo (¡guácatelas!), sustituir el bolillo por pan de caja, y en vez de una salsa martajada tener que usar la Tabasco o una Catsup, todo lo que nos rodeará desde radio, cine, tv, teléfonos, moda, fruslerías, etc, estarán en inglés, las expresiones, los anuncios, las promociones, etc., etc. ¡Ah Caramba!, pero es que ya todo eso lo tenemos, ¡o seáse! Que ya estamos invadidos. Bueno, entonces, ¿cómo que no habría muchos motivos para temerle a la invasión?

Si nos invaden seguro se reduciría de inmediato los índices de delincuencia, subiría el salario mínimo a niveles razonables de clase mundial, el ingreso per cápita y el producto nacional bruto subirían seguramente y…y…¡Antes de soñar habrá que leer lo que de veras dijo el senador gringo!.

Si uno escucha las exposiciones de los senadores del partido republicano que se refirieron al problema de la delincuencia organizada en México y particularmente a la fabricación y distribución del fentanilo, que al parecer es una droga de características terribles por su bajo costo, alto índice de adicción y facilidad para que se alcancen dosis letales dependiendo de los organismos. Los legisladores señalaron que nuestro país no está haciendo todo lo necesario para combatir este problema, por negligencia o por incapacidad, por lo que sería necesario que a esos grupos delincuenciales se les catalogara como terroristas para que el ejército americano que dispone de los mecanismos técnicos para la detección y destrucción de los laboratorios y de los centros de acopio y distribución, participara en el combate coadyuvando con el gobierno de México.

El presidente rechazó la existencia de la producción, consumo y distribución de fentanilo en México, pero al día siguiente el Ejército y la Marina anunciaron haber detectado y destruido cerca de dos millones de dosis de la droga. Lo sospechoso, para los que padecemos sospechosismo, es que la droga se destruyó antes de que tuvieran conocimiento y participación las autoridades ministeriales. Así han de ser los protocolos militares.

Fuera de ironías, sorprende la frivolidad con que el presidente y sus secuaces (entiéndanse corcholatas y secretarios de estado), tocan un tema tan delicado. Seguramente sabe o en este tema si le dicen, que los legisladores gringos no tienen la fuerza ni la representación para lograr una resolución de la naturaleza de una invasión, que nadie en su sano juicio creería (quizás por eso lo cree el presidente) la posibilidad de una invasión, que el propio presidente Biden ha sostenido y ratificado una política de concordia con México.

Las declaraciones de los senadores de EE.UU. como fue con el COVID, le cayeron como anillo al dedo, le han servido para envolverse en el lábaro tricolor y para explotar el pequeño masiosare que todos los mexicanos llevamos dentro. Ya veremos su discurso este dieciocho de marzo.

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Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Abogado, maestro universitario, taurino en retiro, lector compulsivo y escribidor catártico. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, Notario Público 19 en Aguascalientes México, Ex-presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Ags., Integrante del Comité Técnico del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, maestro de Derecho Romano y de Hermenéutica Jurídica en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, miembro fundador de la Academia Mexicana de Derecho Notarial, miembro correspondiente del Seminario de Cultura Mexicana.

Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Abogado, maestro universitario, taurino en retiro, lector compulsivo y escribidor catártico. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, Notario Público 19 en Aguascalientes México, Ex-presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Ags., Integrante del Comité Técnico del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, maestro de Derecho Romano y de Hermenéutica Jurídica en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, miembro fundador de la Academia Mexicana de Derecho Notarial, miembro correspondiente del Seminario de Cultura Mexicana.

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