EL VILLANCICO

EL VILLANCICO

Cada vez está más cerca el día de Navidad, y ya se dejan escuchar los villancicos tradicionales, y alguno no tan tradicional. Hasta aquí todo muy bien, salvo que… aunque hoy día se llama “villancico” a toda esta gama de cantos navideños, en sus orígenes el villancico tendría que cumplir ciertas condiciones para ser llamado tal, y además no era únicamente ni musical, ni navideño.

En efecto, es menester saber que el villancico es también un género poético, de cierta métrica y no necesariamente navideño; es más, yo diría, nada navideño. Sin embargo, considerando la época decembrina, dejemos el villancico literario, y concentrémonos en el musical.

Por principio de cuentas dejemos en claro que no porque se hable de Navidad estamos ante un villancico. Nadie pensaría que “Amarga Navidad” de José Alfredo Jiménez, pudiera serlo ni remotamente.

El villancico como tal debe su nombre quizá a las canciones de corte popular que cantaban los villanos, es decir, los habitantes de las villas, generalmente campesinos u otros habitantes del medio rural.

La colección de cantos navideños más antigua que se conoce data de 1556, publicada en Venecia, y es el Cancionero de Upsala, conocido así por haber sido encontrado en la biblioteca de la Universidad sueca de Uppsala, por el musicólogo Rafael Mitjana, en 1907. Son cantos españoles, la mayoría en castellano, algunos en catalán y unos pocos en gallego y hasta latín. De los muchos cantos navideños contenidos en este compendio, sobreviven hasta nuestros días, cantados con más o menos frecuencia: Riu Riu Chiu y No la devemos dormir (sic). Estos cantos reflejan no solamente las formas armónicas y vocales del Renacimiento, sino que nos asoman al español antiguo de ese tiempo. Es también conocido este libro como Cancionero del Duque de Calabria o Cancionero de Venecia.

Algunos de los cantos gregorianos con texto alusivo al nacimiento de Jesús fueron conservados y arreglados una y otra vez, según el paso del tiempo, y llegan a nuestros días como villancicos infaltables; tal es el caso del Adeste Fideles, cuyo texto nos invita a ir alegres a adorar en Belén al nacido Rey de los Ángeles.

Usted seguro tiene algún villancico preferido, o uno que le “llegue” más que otros. Los hay para todos los gustos. Cada cultura tiene un sello especial para su música, y la música navideña no es la excepción. Así podemos diferenciar con facilidad los villancicos españoles de los franceses; los ingleses de los alemanes, y por supuesto los estadounidenses de cualquier otro, por echar mano indiscriminada de Santa Claus, siempre vestido de rojo y regordete, y extraños renos de narices rojas.

Los villancicos españoles hablan en su mayoría, (como debe ser en el villancico clásico) del Nacimiento, aunque de una manera poco solemne, y esto no quiere decir que sea poco seria. Suelen ser melodías rítmicas y pegajosas. Los villancicos alemanes por lo contrario, son melancólicos y solemnes, pero en general de una belleza musical indiscutible. Por ahí cerca, en Austria, nació el villancico más conocido y cantado del mundo: Noche de Paz, Stille Nacht, heilige Nacht (Noche silenciosa, Noche Santa). Sobre esta pieza se han tejido varias historias de su origen. Yo me quedo con la que escuché hace tiempo. Franz Grüber, músico austriaco, tenía una cercana amistad con Joseph Möhr, sacerdote coterráneo suyo. Ambos solían intercambiar regalitos en Navidad, pero tanto uno como otro estaban siempre escasos de dinero, así que llegada una época navideña, Joseph Möhr le envió como regalo a su amigo unos versos, pues no había dinero para más. Como Grüber tampoco tenía dinero, como regalo a su amigo, puso música a sus versos. La primera vez que se cantó Noche de Paz fue en el 24 de diciembre de 1818. La historia “oficial” cuenta el asunto de otra manera, pero insisto, yo me quedo con la mía.

Si usted viaja a USA o Inglaterra, no encontrará villancicos; encontrará Christmas Carol. En Francia: Nöel, en Alemania: Weihnachtslied, o Laude, en Italia.

Hablando de América, desde México y bajando hasta el Cono sur, suele ser paradójico cantarle a la “Navidad Blanca”, o meter monos de nieve en las letras de los villancicos, porque, salvo excepciones poco frecuentes, no abunda la nieve en nuestros países latinoamericanos.

México también tiene sus villancicos entre los que destacan Por el valle de rosas, del michoacano Miguel Bernal Jiménez; Duerme, no llores, de J. G. Treviño, entre otros, sin olvidar todos esos cantos, no precisamente villancicos, propios de las Posadas, concluyendo al romper la clásica piñata con el simpático:

Dale, dale, dale,
No pierdas el tino,
Porque si lo pierdes,
Pierdes el camino.

Aseguraba líneas arriba, que todos tenemos algún villancico preferido. Permítaseme decir cuál es el mío: Minuit, chrétiens, de Adolphe Adam. El título, es el primer verso del texto:

Medianoche, cristianos, es la hora solemne
en que Dios hecho hombre desciende hasta nosotros
para borrar la mancha original
y de Su Padre aplacar la ira
El mundo entero se estremece de esperanza
en esta noche que le brinda un salvador
De rodillas, pueblo, espera tu liberación
Navidad, Navidad, el Redentor está aquí
Navidad, Navidad, el Redentor está aquí
El redentor ha roto toda atadura
La tierra es libre, y el cielo está abierto
Él ve a un hermano en quien no era más que un esclavo
El amor une a los que el hierro encadenaba
¿Quién le dará nuestro agradecimiento?
Es por nosotros que Él nace,
que sufre y muere.

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Esta hermosa pieza es mayormente conocida como Cantique de Noel, en su original francés; O holy night, en inglés; Santa la noche, en español. Hay cientos de versiones, principalmente en inglés. Seguramente que en las redes encontrarán alguna de su preferencia; pero eso sí, no dejen de escucharla.
Con mis mejores deseos: ¡Feliz Navidad!

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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