La Pona, el pequeño central park de la ciudad
Salvador Camacho Sandoval y Dulce María Palos Calvillo.

«Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha.»
— Víctor Hugo.
La charla y el paseo
Hace un poco más de dos décadas, en vísperas de navidad, yo, Salvador, asistí a una reunión en la casa de la familia Rojas, situada en la Alameda, cerca de los antiguos baños termales de Ojo Caliente. En una agradable conversación entre amigos, tocamos diversos temas, compusimos el mundo y hablamos de nuestras actividades. En el grupo estaba el historiador francés, nacionalizado mexicano, Jean Meyer, esposo de Beatriz Rojas, también destacada historiadora. Como era tradición para ellos, cada año, en esa temporada decembrina, visitaban a la familia en Aguascalientes, toda vez que ellos vivían en Ciudad de México.

Atento y amable, Jean dijo que cuando venía a la ciudad, por las mañanas hacía ejercicio y corría en La Pona, un mezquital importante en la entidad. Para él, este lugar abandonado y abierto a la gente era importante y muy atractivo. Lo disfrutaba, pero se lamentaba de que el gobierno y la gente de la ciudad no lo apreciaran y valoraran y, por lo mismo, no lo cuidaran. Lo escuchamos y, tal vez, nos vio extrañados, porque, al final, nos preguntó si conocíamos La Pona y si habíamos caminado por su interior. Con cierta pena, casi todos dijimos que no.
Para Jean La Pona era un lugar que debía ser rescatado, por múltiples razones. Siempre las zonas verdes son necesarias, son pulmones de las ciudades, zonas de recarga acuífera y centros de juego y esparcimiento, y qué mejor si están bien ubicadas dentro de la urbe. Ante nuestro desconocimiento, Jean, una persona externa a la ciudad, nos invitó para que al día siguiente camináramos y nos internáramos por el lugar. Así lo hicimos, nos reunimos a la hora acordada y, desde que entramos, Jean nos fue describiendo rasgos del lugar, al mismo tiempo, que se lamentaba de que en algunas partes se tirara basura y escombros y que personas provocaran incendios y otras las usaran para embriagarse e ingerir droga. Mientras caminábamos por senderos, que sorprendentemente eran bien conocidos por él, reflexionaba sobre la importancia de que la gente se organizara para rescatarlo.
Jean era más que un guía, pues externaba sus inquietudes y aseguraba que La Pona podría ser un pequeño Central Park. Decía que, con el acelerado crecimiento de la ciudad al oriente, La Pona prácticamente quedaba en el centro. Desde luego, la referencia icónica que teníamos en mente era el Central Park de Nueva York, de allí el nombre del pequeño Central Park en nuestro territorio. El símil era exagerado, y no.
La idea era y sigue siendo excelente. En otras ciudades del país conocemos extraordinarios espacios verdes que los aguascalentenses no tenemos. Sólo hay que pensar en Tangamanga, en San Luis Potosí; en el Parque Metropolitano de Guadalajara y, desde luego, en Chapultepec, en Ciudad de México. Sí, esos parques son palabras mayores, pero a una escala menor y de acuerdo a las posibilidades propias, se puede trabajar desde ahora para rescatar esta área verde que pertenece a los habitantes de Aguascalientes. Con voluntad política es posible echar andar un gran proyecto. No somos ajenos a experiencias de esta naturaleza, tenemos historia. Hoy disfrutamos el parque Rodolfo Landeros Gallegos, antes parque Héroes Mexicanos, de 88 hectáreas, construido sobre el antiguo aeropuerto de la ciudad. Entonces, era una zona plana y árida, y con el impulso gubernamental y el diseño del arquitecto Mario Schjetnan Garduño, se comenzaron a plantar árboles pequeños que ahora, 30 años después, conviven gratamente con nosotros, y nosotros con ellos. En definitiva, hay que rescatar La Pona, aunque sabemos, que los obstáculos han sido los negocios turbios y la falta de visión de ciertos gobernantes, no sólo escasez de recursos.
Las batallas por recuperar La Pona no han sido pocas y, si bien no se han tenido los resultados deseados, se logró que esta mezquitera fuera considerada como “área natural protegida”. Se trata de un espacio cuya extensión oscila entre 31.4 y 37 hectáreas de vegetación nativa, con aproximadamente 5 mil 600 árboles, principalmente de mezquite, pirul y huizache. Junto a la mezquitera se encuentra un parque recreativo modesto, aunque descuidado, que es administrado por el gobierno municipal, conocido como “Parque Recreativo La Pona”.
Nota histórica

El terreno tiene una historia cuyos propietarios se resisten a verlo como una zona para beneficio colectivo, y actuar en consecuencia. En la época del virreinato de la Nueva España, como ocurrió con otros territorios, dicho espacio fue cedido a los colonos, quienes establecieron la Hacienda de Ojocaliente, la cual pasó por varios dueños. Una propietaria fue Concepción Gámez de Serrano, quien vendió la hacienda en 54 mil pesos a la familia Escobedo, de origen zacatecano. La propiedad, finalmente, quedó a cargo de la señora María Dolores Escobedo, viuda de Enrique Pasillas, y apodada “La Pona”, de allí el nombre del lugar.
La Secretaría General de Gobierno, en el año 2020, informó que el terreno fue parcialmente vendido, que se enajenaron seis hectáreas para construir el parque recreativo antes señalado y que el resto pasó a la inmobiliaria Traco S.A. de C.V., con sede en Monterrey. Esta empresa, propiedad de los hermanos Muguerza, tenía como representantes legales a los hermanos Martínez Estebanez. Uno de ellos, Jorge Mauricio, se desempeñó en puestos durante el gobierno municipal que encabezó Luis Armando Reynoso Femat, quien, a pesar de las críticas y estudios de especialistas, autorizó, en 1999, el cambio de uso de suelo habitacional y comercial. Por esto, en 2015, se comenzó la construcción de la “Plaza Espacio”.
Voces y posturas

A raíz del cambio de uso de suelo por parte de autoridades, que luego fueron acusadas de enriquecimiento ilícito al establecer negocios turbios con inmobiliarias, grupos ambientalistas se pronunciaron públicamente en defensa de este bosque urbano. A partir de estas decisiones, el conflicto dejó de ser únicamente un asunto administrativo y de negocios para transformarse en un campo de disputa entre múltiples actores.
- Ambientalistas y sociedad civil
Los principales defensores de este “pulmón verde”, exigen, a la fecha, mayor transparencia y la no intervención de inmobiliarias. A partir de abril de 2025, cuando la empresa pretendía construir casas, las y los ambientalistas se organizaron y, a la fecha, siguen luchando para que la zona permanezca intacta y protegida, por sus múltiples ventajas (ecológicas, hídricas, sociales, culturales). Sus principales voces son las y los dirigentes y líderes de “Salvemos La Pona”, colectivo ambiental más visible del movimiento; “Alianza por la Defensa de la Naturaleza” (ADN), organización que promovió amparos en juicios importantes sobre el futuro de La Pona; el grupo “Conversa Sur A.C.”, que reúne a investigadoras e investigadores sociales; el colectivo “Guardianes del Mezquite”, que realiza actividades de restauración forestal y cuidado en La Pona; “S.O.S. Mezquitera La Pona”, una asociación civil que data del año 2007; así como defensoras y defensores de derechos humanos de poblaciones que han sido excluidas u oprimidas por el desarrollo y, entre otras organizaciones, el “Observatorio de Violencia Social y de Género”. En este movimiento destaca una característica que es importante señalar, tal como lo expresó la periodista Mónica Cerbón: “durante más de veinte años, la lucha para proteger el último resquicio de vegetación en Aguascalientes ha sido comandada por mujeres”.
- Autoridades y gobierno
Como ya se dijo, en una ocasión, el gobierno municipal olvidó su responsabilidad para proteger esta zona verde y privilegió el negocio. En otros momentos, ha mantenido una narrativa de conciliación, pero sin los resultados deseables. A raíz de la presión de los grupos ambientalistas y de las simpatías ciudadanas que apoyan el rescate de La Pona, el gobierno del estado, en voz del secretario general, ha sostenido públicamente que se está buscado una solución negociada con los propietarios. Por su parte, el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (SEMADESU), señala que la dependencia sigue trabajando en el mantenimiento y protección de la zona.
Debido a los obstáculos, negligencia y dificultades en los gobiernos municipales y del estado, los ambientalistas han recurrido a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) para que intervenga y proteja la zona natural. La respuesta ha sido favorable y siguen atendiéndose posibles irregularidades en materia ambiental. A partir de esta posición, el subprocurador ha buscado “blindar” la zona.
Por su parte, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), aunque no ha tenido participaciones directas y públicas, ha emitido un permiso, llamado La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que defiende la zona, como parte fundamental de un ecosistema, y apoya, por tanto, las demandas y los trabajos de los colectivos ambientalistas.
En términos de alcance internacional, no encontramos, hasta ahora, ningún reconocimiento o intervención formal, de alguna institución u organismo ambiental específicamente sobre La Pona. Sin embargo, el debate en torno a este bosque urbano se inserta en una discusión global impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre la relevancia de proteger e impulsar áreas verdes en las ciudades, como infraestructura ambiental estratégica frente a la crisis climática, y la necesidad de garantizar espacios saludables para la población urbana. Con este propósito, hay otros organismos, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Amigos de la Tierra y Greenpeace.
- La Iglesia Católica
La presencia de la jerarquía eclesiástica en Aguascalientes no se ha distinguido por opinar y asumir una postura sobre este importante asunto. Su voz para para abordar otros temas difíciles se ha escuchado fuerte y lejos, pero no para rescatar La Pona e impulsar con mayor determinación una cultura ambientalista entre la población católica. Y no es porque la Iglesia católica no tenga una postura sobre el medio ambiente, porque incluso hay una pastoral del medio ambiente en la Diócesis de Aguascalientes, pero el énfasis y preocupaciones de la jerarquía son otras, tal como se escuchan en las homilías y en las marchas callejeras.
En el país, la Conferencia del Episcopado Mexicano ha hecho un llamado a las parroquias a ser ejemplo en el cuidado del medio ambiente y ha procurado atender el llamado de la encíclica Laudato si´ “sobre el cuidado de la casa común”, que el Papa Francisco, publicó en 2015, como un llamado global para replantear la relación entre el ser humano y la naturaleza. La máxima autoridad de la Iglesia católica advirtió que el deterioro ambiental es consecuencia de decisiones económicas y culturales que privilegian el beneficio inmediato sobre el bien común.
La disputa en Aguascalientes por este bosque urbano y otras zonas verdes, como Los Cobos, entre intereses inmobiliarios y demandas ciudadanas de conservación, refleja esa tensión global entre desarrollo egoísta y responsabilidad ambiental colectiva. En dicha encíclica, se recuerda que la naturaleza es casa común y madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna.
Cronología del conflicto

El bosque urbano La Pona es considerado un pulmón verde para la ciudad, pero también es símbolo y espejo de cómo una ciudad decide crecer. El conflicto que hoy la rodea no surgió de un día para otro, ha sido el resultado de decisiones administrativas, intereses inmobiliarios turbios y una ciudadanía que decidió no permanecer en silencio. En la década pasada, La Pona fue reconocida como Área Natural Protegida, no obstante, modificaciones al uso de suelo, como se mencionó anteriormente.
Al abrir nuevamente la puerta a proyectos de desarrollo urbano que privilegia el negocio en la construcción de vivienda, personas y grupos ambientalistas retomaron la lucha en defensa del territorio. Ahí comenzó el debate y la tensión entre la conservación ambiental y el desarrollo urbano/inmobiliario. A continuación, se presentan en orden cronológico los eventos más significativos de estos últimos años.
Durante 2024 y 2025, las acciones institucionales y la movilización se intensificaron. En abril de 2024, la SEMADESU y autoridades locales trabajaron en acciones de prevención de incendios, brechas cortafuego y mantenimiento; en mayo del 2025, el grupo ambientalista Salvemos La Pona A.C. publicó un comunicado reafirmando su objetivo de proteger la zona; asimismo, el municipio de Aguascalientes organizó un operativo de limpieza y rehabilitación del área natural protegida, pero no hizo más.
Sofía González Ponce, representante del colectivo Salvemos La Pona, dio a conocer que los inspectores federales colocaron un aviso de clausura en el punto donde se pretendía iniciar un desmonte, en una acción que detuvo el avance de maquinaria pesada. Esta situación dio lugar a que, en junio del mismo año, el juez Sexto de Distrito en Aguascalientes, concediera la suspensión definitiva de toda actividad que implicara afectaciones ambientales. La resolución fue obtenida tras un juicio de amparo promovido por diversos grupos de protección ambiental. Un mes después, el Subprocurador de PROFEPA, Alberto Rojas, aseguró mantener el “blindaje” en la zona y señaló estar trabajando en una reforma legal para incluir a los defensores de derechos humanos asociados al medio ambiente en el mecanismo de protección.
Para agosto, SEMADESU impulsó una jornada de reforestación, no obstante, ambientalistas se manifestaron frente a Palacio de Gobierno para exigir expropiación y más transparencia. De forma paralela, José Antonio Arámbula López, secretario general del gobierno estatal, y Enrique García López, secretario del Ayuntamiento, sostuvieron un encuentro con las activistas, mencionando en medios públicos que, para el gobierno, La Pona era un tema de interés prioritario para poder conservar la zona.
Más allá de este discurso gubernamental, un tanto demagógico, los colectivos continuaron uniéndose en pro de la conservación de la zona y, en noviembre de 2025, marcharon por las calles de la ciudad. Para febrero de 2026, el secretario general informó que continuaban las negociaciones con los dueños del predio para garantizar la protección de La Pona, esperando cerrar con el negocio para antes de abril. Al respecto, comentó: “ya tenemos una parte del dinero, estamos esperando cerrar con el municipio para comprar mitad y mitad […] puede ser entre compra y permuta”.
Finalmente, en marzo de 2026, el presidente municipal, Leonardo Montañez, declaró que las negociaciones continúan en beneficio de la protección de la zona natural. Según declaraciones oficiales, se habría reducido la propuesta ¡de 500 mdp a 100 mdp!
La última noticia (abril de 2026) es que el municipio ha recuperado millones de pesos a raíz del fraude en el caso de Next Energy, en el que participó la anterior administración municipal, y que parte de ese monto se dedicaría a la compara del terreno e impulsar el proyecto ambiental tantas veces demandado por grupos que han dado muestras ejemplares de conciencia y lucha ciudadana.
Nota final

La Pona no es solo un espacio natural dentro de la ciudad, sino un símbolo de las disputas contemporáneas, donde convergen intereses económicos, decisiones políticas, administrativas y demandas ciudadanas por la preservación ambiental. Este conflicto ha evidenciado las tensiones estructurales entre modelos de crecimiento urbano orientados al mercado y perspectivas que priorizan el derecho a un entorno sano y de convivencia.
En este sentido, la lucha por su conservación trasciende lo ambiental y se convierte en una muestra de organización colectiva, resistencia y construcción de futuro. La lucha, además, tiene una gran dimensión pedagógica, pues es verdad que enseñar a cuidar el medio ambiente es enseñar a valorar la vida. Lo que ocurra con La Pona no solo tendrá implicaciones ambientales, sino que, además, permitirá evaluar la capacidad de las instituciones y de la sociedad civil para construir el tipo de ciudad que la gente de Aguascalientes elige ser. Una vez recuperada, hay que cuidarla, y que cada uno de nosotros vayamos a plantar un árbol, porque, como bien lo decía Lucy Larcom, maestra y poeta de finales del siglo XIX, “el que planta un árbol, planta una esperanza”.
Imaginemos la ciudad en el año 2050, con el “pequeño Central Park de Aguascalientes”, con un bonito nombre elegido por la ciudadanía y convertido en un espacio frondoso, verde y bello, donde asistan niños y niñas a jugar, jóvenes enamorados a soñar y viejos a evocar sus mejores momentos y, tal vez, a recordar una lucha ciudadana que logró que La Pona, parte de la madre tierra, se convirtiera en un espacio maravilloso de convivencia y goce para todos y todas.
La Pona tendrá, entonces, mucha vida, mucho verdor. Y, como lo dijera Pedro Calderón de la Barca, poeta del siglo de oro español: “Verde es el color principal del mundo, y a partir del cual surge su hermosura” y su grandeza.

